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Cero impunidad ante la violencia y la cobardía

Por: @DayanaLeonF

Emilia Benavides Cuenca tenía nueve años. Su desaparición en la provincia de Loja el pasado viernes 15 de diciembre de 2017 fue temática principal y constante en los medios de comunicación; y también conmovió al activismo en las redes sociales y a los corazones de Ecuador. Su rostro  de inocencia no pudieron verle más sus familiares, porque brutalmente fue asesinada y encontrada en una quebrada.

Este es un acto de violencia, concepto que según la Organización Panamericana de la Salud (2017), se refiere al “uso deliberado de la fuerza o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.[1]

En Ecuador se ha avanzado en las políticas públicas y en la legislación para prevenir y sancionar a la violencia en todas sus manifestaciones, pero queda mucho por hacer. Es una inseguridad latente para la niñez saber que cuando sean adolescentes, de acuerdo con datos de UNICEF, existe un alto riesgo de morir a causa de la violencia: “cada 7 minutos, en algún lugar del mundo un adolescente es asesinado. En América Latina se encuentran los 5 países del mundo con mayores tasas de homicidio entre adolescentes”.[2]

Por tanto, el hecho no solo podemos verle en el aquí y en el ahora, sino en las consecuencias a futuro de los actos de violencia; sobre todo cuando eres niña, porque no podemos dejar pasar por alto la violencia de género y los asesinatos por el sólo hecho de ser mujer como es el femicidio/feminicidio.

La publicación “Eliminar la Violencia Contra los Niños y Niñas: Seis Estrategias Para la Acción”[3] del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, decía: “solamente en 2012, el homicidio fue la causa de la muerte de unos 95.000 niños y adolescentes menores de 20 años, que constituyeron una quinta parte de todas las víctimas de homicidio de ese año”. Lo cual es una realidad que ninguno de los países deben dejar de considerar. Pues en el contexto mundial, América Latina y el Caribe posee la proporción más alta de víctimas de homicidio de menores de 25 años, con una cifra que asciende a los 25.400; mientras que el segundo lugar está localizado en África occidental y Central (23.400), y la tercera proporción está en África oriental y meridional (15.000). [4]

Las estadísticas conmueven, pero muchas historias como la vivida recientemente en Ecuador donde Emilia es el reflejo de cada niña y niño cuya infancia no fue plena, porque ni siquiera pudo tener derecho a soñar y vivir su propio futuro, no debe quedar en la impunidad; y ese fue precisamente el compromiso de las autoridades ecuatorianas desde el Ministerio del Interior y de la Policía Nacional, quienes han actuado de forma inmediata.

Mis reflexiones no tiene el fin de analizar las causas ni al origen del por qué asesinaron a una niña de nueve años al sur del país; porque la violencia no amerita justificaciones por parte del agresor, pues es un acto tan repudiable donde la condena mayor debe radicar en el alma y en la conciencia de los violentos y los cobardes.

Estoy segura que este hecho será efectivamente resuelto en cumplimiento del marco constitucional y legal del país; sin embargo, más allá de la resolución y determinación de las vías jurídicas, un acontecimiento como este no debe quedar impune en la memoria, y convocarnos como ciudadanía a seguir luchando cada minuto contra la violencia a las niñas, niños y adolescentes. Emilia debe ser motivo e inspiración de nuestra venganza personal, que a decir de Tomás Borge “será el derecho de tus hijos a la escuela y a las flores”.

 

Referencias:

[1] “INSPIRE. Siete estrategias para poner fin a la violencia contra los niños y las niñas” Washington, D.C.: OPS, 2017.

[2] UNICEF. “Violencia infantil: una realidad demasiadas veces silenciada” https://goo.gl/EiLM5b

[3] UNICEF (2014) https://goo.gl/oTewfs

[4] UNICEF. “Ocultos a plena luz: un análisis estadístico de la violencia contra los niños. Resumen.” (2015).

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